 El
21 de mayo de 1.942 sale del Astillero Ballart Marine RLY, en la ciudad
de Seattle (oeste de los EEUU), una de las embarcaciones que hará
historia en el mundo.
Terminado el 20 de agosto del mismo año, construido totalmente de
madera, con una eslora de 42,35 m. y 7,47 m. de manga, con el nombre JB26,
zarpa rumbo a Gibraltar, el 28 de febrero de 1943.
El nombre poco dice, pero si ahora el JB26 se llama Calypso, no hace falta
aclarar nada. Calypso, una de las embarcaciones más emblemáticas
en la historia del mar. El buque que comandó Jacques-Yves Cousteau.
Si bien el barco ya tenía ese nombre, fue el Comandante Couteau,
con su incesante trabajo en pro de la naturaleza y la vida marina, que lo
hace famoso.
Cuando en 1950 Cousteau deja la marina Francesa, logra que Loël Guinness
(El dueño de la famosa cerveza Guinness) financie la compra de una
embarcación que le permitirá recorrer el mundo, y difundir
la fauna que hay debajo del agua.
Cousteau se traslada a la ciudad de Malta junto a H. Rambaud, arquitecto
naval, donde encuentra un dragaminas transformado, de nombre CALYPSO. El
19 de julio de 1950 se firma la compra del Calypso.
A partir de esa firma, el Calypso forma parte de infinitas expediciones
a todos los mares del mundo, buscando difundir y hacer tomar conciencia
de lo frágil que es la vida marina y de toda la naturaleza que habita
en este mundo.
Fueron muchas las misiones en las cuales el Calyso estuvo en peligro. Su
última misión fue en el continente asiático, donde
el Calypso navego por el río Mekong con el fin de completar una serie
televisiva de los Grandes ríos del Mundo.
Unos días más tarde, El Calypso hizo una escala en el puerto
de Singapur, antes de salir hacia una nueva expedición. Mientras
tanto, el barco esperó con una reducida tripulación que tenía
por misión vigilar el nivel del agua y evitar así una colisión
que pusiera en riesgo la integridad del casco.
La tragedia ocurrió en un cambio de guardia. La marea subió
peligrosamente y una barcaza vecina, una embarcación pequeña
y chata destinada a la carga y descarga en los puertos, se deslizó
bajo el casco causándole al Calypso una herida mortal. El navío
más celebre del planeta se estaba hundiendo y nadie podía
hacer nada por este, pese a sus 54 años de honorables servicios cuando
se hundió el 8 de enero de 1996.
Nadie podía suponer que este hundimiento traería una serie
de litigios y juicios que prácticamente determinarían el fin
del Calypso.
Cerca de seis meses después de su hundimiento en Singapur, El Calypso
llega al puerto francés de Marsella abordo del barco porta contenedor
Condock IV. La tripulación estaba desmoralizada, pues, se había
perdido la oportunidad de repararlo en un astillero de China por sólo
280 mil dólares, pero una orden en Francia impuso el regreso del
barco. Hoy se cree que la reparación total superaría los 30
millones de dólares, cifra que nadie por ahora esta dispuesto a desembolsar.
En 1998, el municipio costero de La Rochelle, por iniciativa de su alcalde
Michel Crépeau, pagó 800 mil francos por el traslado de Marsella
a su puerto, para que se convirtiera en el corazón del proyecto de
construcción de un museo marítimo. Pero, una vez más,
el destino se ensañó con el barco. La muerte del alcalde de
La Rochelle que inspiró e impulsó el proyecto, paralizó
todo, y el futuro de Calypso volvió a ser incierto.
La familia del famoso marino Jacques Yves Costeau se enfrenta en los tribunales
franceses por la propiedad del barco . El Calypso se encuentra abandonado
en un puerto francés, mientras la viuda de Cousteau, Francine, y
su hijo mayor, Jean Michel, fruto de un matrimonio anterior, se disputan
su propiedad.
Las
dos entidades que se pelean por el barco son el Equipo Cousteau, presidido
por Francine, y la asociación Campañas Oceanográficas
Francesas (COF), de la que forma parte Jean Michel. COF afirma que es
dueña del barco y lo justifica con un certificado fechado en 1974.
Sin embargo, el Equipo Cousteau asegura que el barco fue vendido en los
años 50 a la sociedad Calypso, presidida por el comandante Cousteau.
El litigio continúa y el barco sigue abandonado en el puerto.
La increíble figura del Calypso que tantos mares navego, se encuentra
encerrado en un litigio que lo esta llevando a su fin. Un barco emblemático,
que seria el mejor embajador de paz para un mundo con tantos conflictos.
Nadie
podría negarse a que el Calypso formara parte del Patrimonio de
la Humanidad, ¿acaso el emblemático Barco, y su Comandante
Cousteau no trascendieron mas allá de cualquier empresa que hoy
reclama sus derechos?. El mundo le debe nuestro conocimiento sobre la
fragilidad de nuestros mares y de su vida.
Solo los intereses económicos egoístas, que ven la posibilidad
de lograr un rédito en este litigio, pueden negarse a cualquier
reconstrucción, y solo lograran que muera, entre las chatarras
del Puerto de La Rochelle, un emblema de toda la humanidad.
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